De la economía de la propiedad a la economía del uso

 

Captura de pantalla 2014-02-07 a la(s) 15.52.43Cuenta la leyenda que las crisis personales quedaron en un mal día cuando se hacen colectivas. Cuenta la leyenda que el individualismo murió cuando necesitó del otro.

Por encima de la recuperación económica, que sólo contarán los supervivientes, emerge un cambio cultural. Colaborar para competir. Compartir para crecer.

De la búsqueda de alternativas, de no conformarse con escenarios decadentes ha nacido este tsunami. Los modelos colaborativos han dejado de ser formas. Los modelos colaborativos,  vinculados a la solidaridad, se han transformado en modelos económicos, y aunque para muchos empezó como una huída hacia adelante, al contrario de otros modelos “anti-crisis” que se adoptan por imposición, sus practicantes son auténticos creyentes.

Pero como todo suceso tiene una causa, este fenómeno tampoco es huérfano. Parte del mundo desarrollado despertó, a fuerza de escándalos financieros y largas listas de paro, del sueño del consumismo eterno. Las personas con nómina ya no tienen excedentes para mantener ese nivel de consumo. Los salarios bajan y aumentan los precios de las necesidades fundamentales (luz, gas, etc), y a todo esto hay que sumarle un estado de ánimo depresivo. Han matado el modelo económico tal y como lo conocemos.

Al fin sabemos que los recursos son limitados y efímeros. Como solución volvemos a fórmulas pasadas. Compartir para ser más eficientes, por ello estamos pasando de la economía de la propiedad a la economía del uso.

Es la rebelión del sufijo. El término “& co”  fue acuñado hace siglos, y servía para determinar la titularidad; ese “and CO” es tan relevante que se ha convertido en prefijo, no para manifestar la propiedad sino para definir la naturaleza de la actividad.

Ahora ya no nos extraña términos como: Co-working, Co shering, crowfounding o  Cocreación. Ni es de extrañar iniciativas  en cuya base de negocio esté compartir. Un millón de personas en Europa ya anuncia con antelación sus viajes en coche en BlaBlaCar con el objetivo de que otros ocupen los asientos vacíos. WordPress ofrece en su plataforma a más de 42.000 programadores y diseñadores. Research Gate celebró a finales de junio que ya contaba con tres millones de miembros. Investigadores de todas las disciplinas que se conectan y ayudan, comparten publicaciones y datos.

Y en este contexto  internet ha sido la autopista que canaliza todas estas iniciativas. La tecnología que permite que sean los propios ciudadanos los impulsores del cambio.

Este impulso está dando nuevas formas de relacionarse, de modelos de negocio. Colaborar, ya no es sinónimo de un acto de altruismo desligado del beneficio real de una empresa, y al contrario del capitalismo más salvaje, basado en coge el dinero y corre, la economía colaborativa está basada en el compromiso.

Es un cambio que va mucho más allá de la gestión. Muchas empresas se han llenado la boca y no los bolsillos, de social media, community manager, redes sociales, crear comunidad etc. Porque cuando dicen gestión están diciendo domar, controlar.

Cuando piensen en colaborar empezarán a sacar provecho de este modelo. Hasta el momento sólo es un gasto necesario que no sabrán rentabilizar en una cuenta de resultados.

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About the Author

Sergiman Sergi Manaut, Generador del Cambio. Es la intersección entre innovación, estrategia y coaching

Sergi Manaut